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miércoles, 23 de marzo de 2022

El ojo

En cuanto Luciano aparecía, lo que más llamaba la atención eran sus ojos. Esos ojos habían vivido mucho; mejor dicho su ojo izquierdo, si el izquierdo, porque en el derecho el azul de su iris y el negro de su pupila mantenía toda su intensidad. En cambio el izquierdo cubierto por un velo de opacidad permanecía turbio.

La inquietud de su mirada se hacia mayor en cuanto Luciano más alcohol bebía y fumaba. Legando a un punto en que evitabas mirarle la cara, donde destacaba ese ojo enrojecido y nervioso. Mientras el otro permanecía reluciente y quieto, pero sin vida. En las profundidades de ese ojo sanguinolento se podía notar cuanto había visto y sentido en su no muy larga vida.

Limpio y cristalino, el derecho solo miraba al infinito, mientras el izquierdo te observaba a ti.

Cuando le pregunté cual era la causa de esa diferencia y rareza, se limitó a llevar una mano sobre su cara y después de unos segundos mostrarme un ojo de cristal entre sus dedos, mientras en su rostro aparecía una sonrisa y la cuenca vacía y oscura.




viernes, 11 de marzo de 2022

Exoplaneta

 

La arena color sangre se extendía hasta llegar al horizonte. En el cielo se podía ver un satélite verdoso orbitando a este extraño exoplaneta. Un sol a lo lejos calentaba con fuerza a este desierto rojo. No había ninguna elevación donde poder observar si aquel mar de arena terminaba o continuaba sin fin. 

 

Después de horas andando por aquel infierno, distinguí a lo lejos los troncos negruzcos de lo que parecían dos arboles muertos que sobresalían unos metros de la caliente arena. Dirigí mis pasos hacia uno de ellos y me senté apoyando mi espalda en su tronco, aprovechando la escasa sombra. El cansancio me produjo enseguida somnolencia. Desperté por un fuerte escozor en la espalda, algo en el árbol sin duda me había picado. Estaba terriblemente cansado, a pesar de todo decidí alejarme de allí. Por el agotamiento solo podía arrastrar los pies y el picor no cesaba. Caí de rodillas a unos metros de los árboles. Sin apenas fuerzas pude ve como de una rama del árbol donde estuve sentado nacía una gran flor, roja como la sangre.    

sábado, 5 de marzo de 2022

El coleccionista

                         

Kike estaba triste durante todo el año, pero cuando llegaba la primavera su semblante cambiaba, estaba mucho más alegre y activo. En sus ratos libres, se dedicaba a salir al campo y cazar mariposas.          

 Al final del verano su pasión se interrumpía bruscamente por falta de materia prima.                      Después de pensarlo mucho, decidió coleccionar algo similar por su tamaño, aunque no tenía nada que ver con su colorido. Pero sin duda lo más importante era que su pasión no se vería interrumpida durante  el año, y debido a su gran abundancia disfrutaría durante más tiempo buscando los ejemplares más bellos y raros. En este caso no necesitaba al ejemplar entero, solo necesitaba los dos apéndices que sobresalían de la cabeza.

Se parecían extrañamente a sus amadas mariposas, sobre todo al juntar las dos partes. Pero tendría que acostumbrarse a que no tenían color y ninguna se parecía a otra, cada ejemplar era diferente. Después de elegir a un espécimen había que arrebatarle la vida , como a los lepidópteros, pero esta vez no utilizaba un alfiler, sino un cuchillo pues el ejemplar era mucho más grande y tenia que cortarle después las orejas, que era lo único que podía utilizar para su colección. Orejas humanas que aún sin el colorido de los insectos le resultaban muy atrayentes, y se deleitaba fascinado, observando con una lupa cada uno de sus recovecos.

miércoles, 2 de marzo de 2022

El banquete

 



 Después de tanta hambre como pasó en los últimos días, al fin el solitario cuervo encontró un plato de su agrado. Nada de frutos silvestres, se acabó el régimen vegetariano, era un plato hecho para él. Se trataba de una hermosa cabeza de carnero, con solo un par de días muerta, estaba lo que se dice en su punto. Los pequeños trozos de carne pegada al cráneo serían el aperitivo, para así abriendo pico.

El aroma era delicioso, la textura exquisita y el sabor… ¡ay el sabor!, el sabor era de alta cocina.

Arduo trabajo le costó llegar hasta el cerebro, el gran plato. Lo comió deleitándose. Comió tanto que apenas pudo levantar el vuelo para posarse en una pequeña atalaya donde asentar tan grata comida, al mismo tiempo que vigilaba el sabroso postre. Un postre muy gelatinoso; su preferido: los ojos.  

                                         

lunes, 28 de febrero de 2022

La máscara



 En el gran salón de la casa se hallaban los más selectos invitados. Celebraba un gran baile de máscaras. Los disfraces eran de lo más grotesco. La música de la orquesta fluía sin cesar, en medio de palabras, risas y carcajadas. El alcohol era el rey que animaba la fiesta y el baile era el complemento perfecto.
 Ocultando sus verdaderas intenciones y deseos todos los participantes se sentían protegidos y seguros  escondidos tras las máscaras.

En aquella vorágine todo era alegría y diversión, hasta que suena un terrible grito procedente del jardín y de inmediato se produce un gran silencio entre la multitud, entregada hasta ese momento a la fiesta. Los más cercanos al jardín corren hacia él y encuentran a una mujer muy pálida, terriblemente asustada, con lágrimas en sus mejillas y las ropas de su disfraz desgarradas. Sollozando les indica una dirección hacia un sendero. En tan solo unos minutos encuentran a un personaje de lo más siniestro sentado tranquilamente en un banco.

Una vez conducido al salón del baile, es rodeado por todos los participantes a la fiesta, mostrándose  impacientes por desvelar lo antes posible la identidad de quien se oculta tras esa máscara blanquecina y cadavérica.

Nadie se atreve a dar el primer paso y quitarle su grotesca máscara. Mientras tanto aquella figura de pesadilla, toda vestida de negro, permanece impasible.

Es cuando aparece el anfitrión y decidido pone sus manos en la cara e intenta arrancarle la máscara, pero no lo consigue, lo intenta de nuevo, pero nada, no hay forma de desprenderla, en ese momento todos retroceden angustiados, comprendiendo que máscara y cara son la misma cosa.


Narciso del Río  

jueves, 14 de enero de 2016

El huerto (cuento macabro)

El tío Gonzalo vivía al final de un pequeño pueblo, frente al cementerio.
Nadie entraba en su viejo caserón, sus puertas y ventanas estaban siempre cerradas.
Era un hombre viejo, muy alto y fornido, con el pelo gris y su cara surcada de arrugas.
En su boca jamás nadie vio una leve sonrisa.
La huerta que había detrás de su casa estaba llena de árboles frutales, y a comienzos del verano de sus ramas colgaban excelentes frutos, los más grandes y sabrosos de todos aquellos campos que rodeaban al pueblo.
Mis amigos y yo no podíamos aguantar la tentación y nos adentrábamos en su huerto a robarle algunas frutas, pero siempre con el miedo a flor de piel, por el pánico que nos producía el tío Gonzalo si nos descubría allí.
Yo hoy, con el paso de los años, creo que sus frutos eran los más sabrosos y más grandes, porque los árboles eran abonados con los huesos de los muertos que él se encargaba de enterrar. Enterrar dos veces primero en la correspondiente tumba y más tarde en su frondoso huerto.
 Los vecinos cando visitaban el cementerio solo estaban ante unas tumbas vacías, el verdadero cementerio se había trasladado al huerto del tío Gonzalo.

 Narciso del Río


jueves, 31 de diciembre de 2015

La mula (cuento macabro)

La pequeña y nerviosa mula era maltratada y vejada por su dueño, que mas bien parecía su enemigo. Después de transportar una pesada carga y antes de llevarla a la cuadra fue una vez más apaleada por cualquier motivo. Pero esta vez se defendió y doblando su largo cuello mordió a su verdugo en un hombro, produciéndole una gran herida con sus formidables dientes.

El hombre tubo que ir a curarse la herida lleno de rabia pero con la firme idea de volver y continuar moliendo a palos a la pobre bestia.

Mientras tanto su lengua saboreó la sangre que había manchado sus grandes labios. Le gustó el sabor a sal y hierro, se parecía bastante al de la verde hierba solo que con otro color.

Esperó. Sabía con toda seguridad que el hombre vendría a completar su castigo y esta vez después del mordisco con más saña.

Cuando llegó no le dio tiempo ni a levantar la vara, la mula ya le había mordido en el cuello desgarrándoselo. Con el hombre en el suelo retorciéndose de dolor, el animal volvió a morderlo por todo el cuerpo, saciando así su apetito y su ira.


 Narciso del Río










The Cranberries - Italy 1999 Live