jueves, 17 de mayo de 2012

El banquete



Después de tanta hambre como pasó en las últimas semanas, al fin encontró el cuervo un plato de su agrado, nada de frutos silvestres, se acabó el régimen vegetariano, un plato hecho para él, se trataba de una hermosa  cabeza de cabra, con solo un par de días muerta, lo que se dice en su punto.
El aroma era delicioso, la textura exquisita y el sabor… ¡ay el sabor!, el sabor, pura alta cocina.
Después de arrancar toda la piel con pico y garras, esta le serviría de servilleta, los pequeños trozos de carne pegada al cráneo, serían el aperitivo, para así abriendo pico.
Arduo trabajo le costó llegar al gran plato, el cerebro. Lo comió deleitándose.
Comió tanto que apenas pudo levantar el vuelo para posarse en una pequeña atalaya, desde donde al mismo tiempo que recibía ráfagas de aire fresco, asentaba tan grata comida y como no, vigilaba el sabroso postre. Los ojos, un brillante postre todo de gelatina, su postre preferido.


Narciso del Río